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Una aventura épica para conocer más sobre el aire acondicionado de la Tierra

La aventura puede adoptar muchas formas: lanzarse en paracaídas, sumergirse en las profundidades del océano o escalar hasta lo más alto de las montañas. Pero también puede ser algo tan sencillo como explorar el jardín de tu casa. Para Nicolas Peissel, su jardín es el Ártico.

“Los canadienses tenemos uno de los jardines más grandes fabulosos del mundo, pero no lo exploramos”, comenta Peissel. “Siempre he soñado con explorar el mundo: aprender cosas nuevas sobre la Tierra y descubrir formas interesantes de verla”.

Peissel es el líder de Mission Arctic, una expedición en dos partes al corazón del Ártico, dirigida por un equipo de científicos, investigadores y exploradores polares. El objetivo es descubrir tramos inexplorados, realizar estudios científicos de las aguas y examinar el impacto del deshielo sobre el planeta. La primera parte de la misión, llamada “Exploración del deshielo”, comenzó en junio de 2017 y terminó en octubre del mismo año.

Uno de los objetivos de Mission Arctic es dar a conocer los drásticos cambios que se están produciendo en el Ártico, sobre todo el deshielo causado por el calentamiento global.

“Queremos poner rostro a este cambio. Mediante la expedición y la lucha humana, queremos concienciar a la gente sobre el deshielo del Ártico”, explica Peissel.

En esos cuatro meses viajando por el Ártico, el equipo navegó una tercera parte del diámetro de la Tierra, que es de 7000 millas náuticas, desde Groenlandia hasta América del Norte a bordo de un yate de casi 14 metros de longitud llamado “Exiles”. El equipo llegó a una zona conocida como la “fábrica de icebergs”, donde se forman los icebergs más grandes del hemisferio norte, que bajan lentamente por la costa este de América del Norte.

“Llegar a esa zona a más de 80 grados de latitud norte fue una experiencia increíble. Estábamos a solo 600 millas náuticas del Polo Norte, algo inaudito para un velero como el nuestro”, explica Peissel.

El equipo recabó datos científicos sobre cómo el deshielo está afectando al efecto de mezcla que impulsa las corrientes oceánicas, hizo un seguimiento de los icebergs que se desprenden de los glaciares y realizó inspecciones submarinas y aéreas del hielo. “Puede llevar bastante tiempo analizar esos datos”, apunta Peissel. “Pero los resultados nos ayudarán a aclarar ciertas dudas sobre cómo está cambiando el Ártico y desvelarán nuevos campos de estudio científico”.

Los resultados preliminares de la expedición muestran la complejidad de las aguas árticas. “Se detectaron aguas superficiales cálidas (hasta 10 grados Celsius) cerca de un glaciar que termina en el mar, en el fiordo Eternity”, explica Dan Carlson, oceanógrafo físico de observación y oficial científico del equipo de Mission Arctic. “Las fotografías a intervalos tomadas por drones son la primera documentación disponible sobre la dinámica del hielo a pequeña escala y proporcionan cantidades relevantes para el desarrollo de modelos precisos para los vertidos de petróleo en aguas con altas concentraciones de hielo glacial”.

Para Peissel, uno de los mayores éxitos de la misión fue la recuperación de cinco instrumentos de aguas profundas en condiciones difíciles. Hace más de un año, el Centro Internacional de Investigación del Ártico colocó dichos instrumentos en puntos estratégicos del Ártico y, hasta su recogida, han estado recabando datos sobre el fondo del océano. “Fue muy gratificante porque estábamos recogiendo un año de investigación”, recuerda.

Una exploración tan épica como esta no está exenta de dificultades. Puesto que el Ártico solo se derrite durante un periodo determinado, el equipo disponía de tiempo limitado para viajar. Además, el viento extremo y el frío extremos dificultaron más el viaje. Peissel recuerda una ocasión en la que casi perdieron el yate: “Soplaba un viento muy fuerte y estábamos anclados en un fiordo. La cadena de ancla quedó atrapada y por poco tuvimos que abortar la expedición. Intentamos navegar de la forma más segura posible, pero a la madre naturaleza le gusta darte sorpresas. Es ella quien tiene siempre la última palabra”.

Siglos atrás, se hacían muy pocas exploraciones por la falta de tecnología marítima. “En los siglos XVIII y XIX, los exploradores avanzaban a ciegas por el Ártico, sin mapas ni tecnología para guiarse”, cuenta Peissel. Para el equipo de Mission Arctic, la tecnología fue clave para superar las dificultades y hacer posible la exploración.

Usaron un sistema de GPS para navegar, teléfonos satelitales para comunicarse con el Canadian Ice Service y obtener información sobre las condiciones del hielo, drones para explorar el terreno y vehículos submarinos automatizados para investigar lo que ocurre bajo el hielo. “La tecnología es fundamental”, recalca Peissel. “Sin ella, no habríamos podido hacer este viaje”.

Peissel explica que los dispositivos Lenovo fueron muy importantes para hacer posible la misión. Ejecutaron su software de navegación en una tablet ThinkPad X1, que funcionaba como soporte para sus instrumentos de navegación. “Era lo suficientemente rápida como para adaptarse a los cambios que se producían constantemente”, añade. “Además, estaba siempre expuesta a los elementos (viento, olas y temperaturas bajo cero) y podía soportar condiciones ambientales mucho más severas. La tablet X1 nos funcionó de maravilla como ordenador de navegación”.

Por otro lado, los ThinkPad T470s nos ofrecieron suficiente potencia de procesamiento para modelar información meteorológica y descargar imágenes satelitales y cartas de hielos. Desempeñaron un papel esencial en la planificación de las rutas a través del Ártico.

Para el equipo de Mission Arctic, el viaje no termina aquí. Se están preparando para la segunda parte de la misión, llamada “A la búsqueda de huesos”, que tendrá lugar en 2018. Realizarán una especie de búsqueda del tesoro inversa para descubrir lo que deja al descubierto el Ártico, como antiguos campos de expedición, los restos de mamuts lanudos más septentrionales y otros tesoros escondidos. Será otra emocionante expedición que combinará ciencia, arqueología e historia.

Más allá de la aventura, Peissel destaca la necesidad de buscar soluciones al calentamiento del planeta y al deshielo del Ártico. “Esa es la principal idea que pretendemos transmitir”, apunta. “No podemos dejar el cambio en manos de los demás. Todos tenemos la capacidad y la oportunidad de conseguir algo increíble”.

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