Cómo ThinkPad ha cambiado el mundo durante 25 años
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Profesor del MIT y gran seguidor del ThinkPad: las máquinas que “cuentan historias ” son la clave para desarrollar todo el potencial de la inteligencia artificial

Cuando el Profesor Patrick Winston obtuvo el Doctorado en Informática por el Instituto de Tecnología de Massachusetts en 1970, su director de tesis, el conocido pionero de la inteligencia artificial, Marvin Minsky, predijo que los científicos pronto fabricarían una máquina con “la inteligencia general de un ser humano común” que podría, entre otras cosas, leer a Shakespeare.

Casi 50 años más tarde, el propio Winston, ahora un famoso profesor y reconocido experto en inteligencia artificial del MIT, intenta todavía enseñar a los ordenadores a entender a Shakespeare.
¿Por qué? Winston cree que el “polvo mágico” que diferencia a los humanos de otros animales es la capacidad de entender y contar historias.

Para conceder esa magia a las máquinas, Winston ha dedicado la década pasada a dirigir el Grupo Génesis del MIT, que pretende desarrollar modelos computacionales que imiten la capacidad de las personas crear y decodificar narrativas, ya sean obras de teatro isabelinas o el modo en que las señales se mueven a través de los circuitos.

“Si queremos entender la inteligencia humana debemos comprender la capacidad humana de contar historias; de entender historias y, sobre todo, de crear nuevas historias combinando fragmentos de historias anteriores”, dijo.

Professore Winston and ThinkPad T460s in Class

Los programas informáticos con capacidades para contar historias se comunicarían mejor con los humanos, y eso podría ayudar a las personas a confiar en dichos sistemas, cree Winston. Las máquinas podrían explicar en un lenguaje semejante al humano, por ejemplo, cómo llegan a las conclusiones, lo que permitiría a las personas verificar los resultados. Con la capacidad de entender conceptos abstractos como la venganza o el nacionalismo, podrían ayudar a los responsables de la toma de decisiones a comprender cómo se podrían percibir las decisiones políticas o nuevas historias en todo el mundo en función de las diferencias culturales.

“De hecho, dichos programas podrían modelar la interacción entre diversos factores en campos tan diferentes como la educación, economía, política, atención sanitaria, legislación, planificación urbanística, orden público, defensa y empresas”, dijo Winston.

Sin embargo, la confianza es el ingrediente clave.

“Algunos de los sistemas de IA actuales son potentes, a menudo tan potentes como los humanos o más, pero como muchos han señalado, son peligrosos en relación a su potencia, porque no pueden explicar cómo llegan a las conclusiones”, advirtió Winston. “A menudo comenten errores que resultan obvios para los humanos”.

Aunque el sistema Watson de IBM es un “magnífico logro de ingeniería ” que puede ganar a una persona en el concurso Jeopardy!, da “la impresión de que entiende sin entender realmente nada”, explicó Winston, en su casa en un estudio repleto de libros. Para Winston, ni Siri, el asistente personal digital de Apple Inc.; ni Watson, el sistema informático de respuesta a preguntas en lenguaje natural de IBM; ni los robots tienen todavía “sentido común” y, por tanto, no pueden usar un juicio basado en precedentes semejante al humano para ayudar a resolver problemas complejos, como descifrar situaciones sociales o aprender fuera de un reducido campo de experiencia.

Al final, enseñar tales habilidades a una máquina no es tarea fácil. ¿Cómo se puede enseñar a una máquina a inferir y llegar a conclusiones que no se indican explícitamente en un texto, por ejemplo? “Los humanos no somos máquinas lógicas. Cuando hay elementos en una historia que no se pueden explicar mediante una certeza lógica, normalmente encontramos explicaciones plausibles porque siempre buscamos una explicación”, propone Winston.

En el Grupo Génesis de Winston, que forma parte del Laboratorio de inteligencia artificial y ciencias informáticas del MIT, Winston y escuadrones de sus alumnos han creado minuciosamente tecnología que puede analizar textos de unas 100 líneas escritos por ordenadores sobre temas que incluyen a Shakespeare, conflictos cibernéticos internacionales y cuentos de hadas. Génesis usa cuadros en pantalla para representar frases y párrafos, lo que permite trazar relaciones causales dentro de una trama; comparar historias; detectar conceptos como el amor o la venganza, aunque no se nombren; concluir si una ganancia a corto plazo provoca una pérdida a largo plazo y explicar actuaciones basadas en los rasgos de la personalidad. El sistema puede incluso analizar un texto a través de un filtro de sesgo cultural, interpretando de este modo un evento como el ataque cibernético contra Estonia efectuado por Rusia en 2007 desde un punto de vista de los habitantes de uno y otro país.

Sin embargo, Génesis en la actualidad sigue siendo “rudimentario”, una reflexión de lo compleja que es la inteligencia humana, admite Winston de buena gana. En realidad, Winston lleva intentando modelar la inteligencia humana desde antes de 1997, cuando junto con otros siete colegas hicieron un llamamiento para el estudio interdisciplinar del tema, afirmando que el avance en inteligencia artificial había sido menos significativo de lo que se esperaba, porque se sabe muy poco sobre la inteligencia humana desde un punto de vista computacional.

Incluso en aquella época, Winston confiaba en los ThinkPad para hacer su trabajo. Les tiene tal aprecio que conserva casi una docena de sus viejos dispositivos en el ático “por los viejos tiempos”. Igual que muchos otros usuarios, Winston alaba la resistencia del ThinkPad, aunque también confía en la firme opción de garantía de Lenovo, que repara o sustituye un equipo si se rompe por accidente. “He derramado café en el teclado, se me ha caído el equipo por las escaleras. Le he hecho todas las perrerías posibles a una máquina”, reconoce riendo. “La mayoría de las veces logra sobrevivir, pero si derramas café en el teclado, es bueno disponer de la opción de garantía de accidentes”.

Professor Winston

Actualmente, Winston tiene un Lenovo ThinkPad T460 que conecta a una serie de pantalla en casa y en su oficina del MIT. “Lo llevo conmigo a todas partes”, dijo. “Se va conmigo de vacaciones. Va conmigo cuando tengo una conferencia. Es un compañero”.

En especial, Winston “no puede vivir sin” el botón rojo del centro del teclado, denominado “TrackPoint”, que usa para mover el cursor. “Es algo que necesito tener para trabajar. Si tuviera un teclado sin un puntito rojo en el centro estaría completamente perdido”, confesó.

A pesar de la naturaleza abrumadora de sus objetivos, Winston se lo pasa muy bien, y su trabajo le ha llevado en muchas diferentes y satisfactorias direcciones. Autor de 17 libros, Winston fue presidente de la Asociación americana de inteligencia artificial. En 1986, cofundó una compañía que diseña software de planificación y asignación de recursos. También ha asesorado a agencias gubernamentales sobre seguridad y perteneció durante 18 años al Comité consultivo de investigación naval, llegando a ser presidente.

Pero sobre todo, Winston persigue obstinadamente el grial del conocimiento humano. Se ríe de las previsiones exageradas sobre la inteligencia artificial a corto plazo, pero existe un sentido real de urgencia en su misión.

“Parece inevitable que lleguen los sistemas inteligentes”, concluye Winston, citando la aparición de programas como Siri, Watson y los vehículos sin conductor, que pronto se pondrán en práctica. “Quiero asegurarme de que son fiables para ayudarnos a tomar las decisiones médicas correctas, buscar los precedentes legales pertinentes y sugerir las acciones diplomáticas adecuadas”.

Cita: Winston, un famoso profesor y reconocido experto en inteligencia artificial del MIT, intenta todavía enseñar a los ordenadores a entender a Shakespeare.
¿Por qué? Winston cree que el “polvo mágico” que diferencia a los humanos de otros animales es la capacidad de entender y contar historias.

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